La crisis del agua: Un desafío urgente

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El agua, elemento vital para la existencia de la vida en nuestro planeta, está experimentando una crisis sin precedentes en la Ciudad de México, una urbe que enfrenta desafíos monumentales en la gestión y preservación de este recurso esencial. Pero, ¿qué significa realmente una «crisis del agua»?

En el caso de la Ciudad de México, la crisis hídrica se debe a  combinación de factores que incluyen la sobreexplotación de los acuíferos subterráneos, la contaminación de fuentes tanto de aguas superficiales como subterráneas, el crecimiento descontrolado de la población y la falta de infraestructura adecuada para la captación, tratamiento y distribución del agua. Para comenzar a entender la magnitud de esta crisis es importante analizar algunas cifras concretas y reveladoras.

En México, el consumo promedio de agua per cápita es de aproximadamente 307 litros por habitante al día (l/h/d), según datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA). Sin embargo, en Ciudad de México este consumo se eleva a unos alarmantes 347 litros al día, lo que la convierte en una de las ciudades con mayor consumo de agua en el país. Cabe señalar que el consumo por toma de agua para el nivel socioeconómico bajo es de 20 m3 mensuales (equivalentes a 177 l/h/d), en tanto que en el nivel de vida medio este volumen es ligeramente mayor (de 21 m3 mensuales por hogar, equivalentes a 183 l/h/d), mientras que para las viviendas ubicadas en áreas clasificadas como de nivel alto esta cifra es de 22 m3 mensuales por toma, equivalentes a 194 l/h/d.

Si ampliamos la perspectiva a nivel continental, el consumo promedio de agua per cápita en América es de alrededor de 251 litros por día, mientras que a nivel mundial, esta cifra desciende a aproximadamente 173 litros por día. Estos datos nos muestran que Ciudad de México está consumiendo agua a un ritmo insostenible en comparación con otras regiones del mundo. Es alarmante que 748 millones de personas de la capital no tengan acceso a una fuente mejorada de agua potable y 2.5 mil millones no utilicen servicios de saneamiento de agua mejorado, lo que se traduce en millones de personas consumiendo aguas contaminadas y que afectan directamente a la salud (por ejemplo, problemas gastrointestinales, del desarrollo infantil, entre muchos otros).

Fig 1. La crisis del agua: Un desafío urgente
Es alarmante ver como todo lo que nos advirtieron durante la formación escolar sobre la sequía y escasez de agua, se cierne sobre todos nosotros cual mancha voraz y está lista para agotar las reservas de agua del país. Créditos: Servicio Nacional de Información del Agua.

Como señalan Domeñé y colaboradores (2006), el número de miembros del hogar afecta significativamente al consumo de agua debido a las economías de escala. Algunos usos de agua, como el riego del jardín o la limpieza del hogar, son constantes e independientes del número de personas en la vivienda, mientras que otros, como el lavado de ropa en lavadora, hacen que sea difícil ajustar el consumo de agua cuando el hogar tiene pocos miembros. Por esta razón y aunque suene paradójico, los hogares con pocos individuos pueden tener un consumo per cápita mayor que las familias numerosas.

Sin embargo, ¿cuál es el papel de las grandes industrias en esta crisis? Las empresas refresqueras, la ganadería intensiva y la agricultura de gran escala son algunas de las principales consumidoras de agua en México. Por ejemplo, la industria refresquera utiliza enormes cantidades de agua para la producción de bebidas, mientras que la ganadería y la agricultura intensiva requieren grandes volúmenes para la irrigación y el mantenimiento del ganado. Estas actividades, aunque son fundamentales para la economía, también ejercen una presión considerable sobre los recursos hídricos.

Fig 2. La crisis del agua: Un desafío urgente
La presión que ejerce la industria es indudable, y lamentablemente hay un enorme sector del poder que se niega a ver como viable la redistribución del vital líquido, incluso entre los “científicos” que les asesoran.

Ante esta situación, es crucial que los ciudadanos seamos conscientes de nuestra responsabilidad en la mitigación de los efectos locales y, a corto plazo, del desabastecimiento de agua. Podemos contribuir adoptando medidas simples pero efectivas, como reducir el consumo personal de agua, reparar fugas en nuestros hogares, reciclar y reutilizar el agua siempre que sea posible, y promover prácticas agrícolas y ganaderas más sostenibles.

En conclusión, la crisis del agua en Ciudad de México (y en el mundo) es un problema multidimensional que requiere acciones coordinadas a nivel gubernamental, empresarial y comunitario. Si bien el desafío es enorme, cada uno de nosotros puede marcar la diferencia adoptando hábitos más conscientes y sostenibles en nuestra vida diaria. Es hora de actuar con determinación y solidaridad para proteger uno de los recursos más preciosos y escasos de nuestro planeta: el agua.

Agradecimientos

Agradezco a Batichica y a Sensu Lato por haber revisado el borrador de esta entrada.

¿Quieres saber más?

Domeñé, E., et al. (2006), «Factores condicionantes del consumo doméstico de agua, el caso de la Región Metropolitana de Barcelona«, El análisis económico en la Directiva Marco del Agua: Incidencias e implicaciones para España, 1 ed., p. 339-354.

CONAGUA (2012), «Estimación de los factores y funciones de la demanda de agua potable en el sector doméstico en México«.

CONAGUA (2015), «Cuidemos y Valoremos el agua que mueve a México«.

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