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Cuando hablamos de lo poderosa que puede ser la mente, nos referimos a que puede ser incluso una herramienta de sanación. ¿A qué nos referimos con esto? El famoso efecto placebo.

En Nature portfolio encontramos definido al efecto placebo como “el resultado beneficioso causado por un tratamiento que NO es atribuible a las propiedades farmacológicas del propio tratamiento”. Esta definición viene de la idea de que el cerebro puede convencer al cuerpo de que un tratamiento falso está teniendo efecto real. 

Uno de los investigadores más destacables en el estudio del efecto placebo es el profesor Ted Kaptchuk del Centro Médico Beth Israel Deaconess, afiliado a Harvard, quien menciona: “El efecto placebo es más que un pensamiento positivo: creer que un tratamiento o procedimiento funcionará. Se trata de crear una conexión más fuerte entre el cerebro y el cuerpo y cómo funcionan juntos”. En este sentido, es importante recalcar que los placebos no reducirán el porcentaje de colesterol ni reducirán el tamaño de un tumor. Los placebos actúan sobre los síntomas modulados por el cerebro, como la percepción del dolor. Por lo que se ha demostrado que son más efectivos para afecciones que involucran el control del dolor, el insomnio relacionado con el estrés y los efectos secundarios del tratamiento del cáncer, como fatiga y náuseas”.

Los placebos pueden hacerte sentir menos dolor, pero NO te curarán el origen de ese dolor.

Entonces, ¿el efecto placebo es un efecto positivo o negativo?

Aunque por mucho tiempo se creyó que era un efecto negativo, el estudio multidisciplinario de los efectos positivos del efecto placebo ha avanzado mucho. Para estos estudios se utilizan los placebos, que son medicamentos, dispositivos u otros tratamientos que son física y farmacológicamente inertes. Los placebos son ampliamente usados en ensayos clínicos para probar la efectividad de los tratamientos y se usan con mayor frecuencia en estudios farmacológicos. Un ejemplo muy claro es cuando personas de un grupo reciben el fármaco real, mientras que los demás reciben el placebo. Los participantes en el ensayo clínico, son ciegos al protocolo, es decir, no saben si reciben el producto real o el placebo. De esta forma, los investigadores pueden evaluar si el fármaco funciona o no, comparando cómo reaccionan ambos grupos. Si ambos tienen la misma reacción, mejoría o no, se considera que el medicamento no es funcional.

Por otro lado, el efecto placebo ocurre cuando las señales del tratamiento en sí mismas influyen en los resultados del paciente (es decir, la creencia de que uno está recibiendo un tratamiento particular tiene un resultado positivo y no es precisamente por la eficacia del tratamiento que se está evaluando). La expectativa se considera un mecanismo central del efecto placebo y puede surgir tanto de la instrucción (predisposición a lo que creemos que estamos consumiendo) como de otros procesos, por ejemplo, procesos de aprendizaje (que incluyen la instrucción explícita, la observación social y el condicionamiento pavloviano).

Sin embargo, los expertos han concluido y destacan que reaccionar a un placebo no es una prueba de que cierto tratamiento no funcione, sino que puede estar presente otro mecanismo no farmacológico.

Aunque aún no se comprende bien cómo funcionan los placebos, se sabe que involucran reacciones neurobiológicas complejas que incluye todo, desde aumentos en los neurotransmisores que nos hacen sentir bien, como las endorfinas y la dopamina, hasta una mayor actividad en ciertas regiones del cerebro relacionadas con los estados de ánimo, las reacciones emocionales y la autoconciencia. Todo ello puede tener un beneficio terapéutico. 

De acuerdo con Kaptchuk:

“El efecto placebo es una forma en que tu cerebro le dice al cuerpo lo que necesita para sentirse mejor”.

Por último y siguiendo la última frase del Dr. Kaptchuk, el efecto placebo no viene exclusivamente de consumir una píldora inerte, es decir, podemos tener ese efecto placebo al mejorar el estilo de vida (comer bien, hacer ejercicio, yoga, tiempo social de calidad, meditar), el creer que estamos teniendo una vida saludable, nos da esa satisfacción y nos la creemos. 

¿Quieres saber más?

The power of the placebo effect

Barnes, K., et al. (2021), “The placebo effect: To explore or to exploit?“, Cognition214, 104753.

Wager, T. D., & Atlas, L. Y. (2015), “The neuroscience of placebo effects: connecting context, learning and health“, Nature reviews. Neuroscience, 16 (7), 403–418.

Placebo: Can the Mind Cure You?

  • Artículos
RoCaSoGui Contributor
Colaboradora en La BioZona

Soy chiapaneca de nacimiento pero resido en CDMX, ciudad que me ha permitido lograr muchos objetivos profesionales y personales. Estudié ingeniería bioquímica pero siempre tuve interés en el área farmacéutica, por lo que realicé la Maestría en Farmacología en el IPN y el Doctorado en Neurofarmacología en el Cinvestav. Actualmente me encuentro en una estancia posdoctoral en el IFC-Neurociencias de la UNAM, siguiendo con la exploración de un área que me fascina, la memoria, a través de manipulaciones farmacológicas y optogenéticas.

Pocas cosas me hacen tan feliz como estar dentro del laboratorio. Amo hacer ciencia, la idea de poder aportar conocimiento nuevo, me impulsa y motiva cada día. Claro, siempre acompañada de una taza de café, un buen chocolate y música de fondo.

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