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El fin de año es tiempo de celebración y reflexión para muchos, así que aprovecharé para reflexionar sobre el año nuevo. Habiendo crecido en el contexto de la cultura occidental, siempre consideré que todos lo celebraban el mismo día. Nunca me lo cuestioné: así siempre ha sido, así tenía que ser y ya. Todo se puso más raro al conocer que no en todas las culturas se celebra el año nuevo el primero de enero, y que además esta fecha no ha sido la misma a lo largo de la historia. El calendario ha cambiado mucho, e incluso por la mayor parte de la historia ¡enero ni siquiera existía en el calendario!

En el norte de India se celebra el primer día de Baisakhi, que en nuestro calendario actual occidental corresponde al 13 o 14 de abril. Esta celebración respeta el final de la temporada agrícola y por tanto es un tiempo de abundancia. En el antiguo Egipto, el año comenzaba con la inundación anual del Nilo que coincidía con la aparición de la estrella Sirius; y en China el Año Nuevo Lunar comienza con la segunda luna nueva después del solsticio de invierno. Entonces, ¿por qué nosotros celebramos el año nuevo el 1o de enero y no el 20 de marzo, o el 21 de septiembre? ¿El 1o de enero se corresponde con algún evento astronómico o es una fecha arbitraria? ¿Quién y cuándo eligió ese día en primer lugar? 

No es posible que año nuevo se haya celebrado siempre el mismo día porque ni siquiera el calendario ha sido estático. Si nos fijamos en los prefijos sept (7), oct (8), nov (9) y dic (10), veremos que estos meses no corresponden con su posición actual en el calendario, septiembre es el noveno mes, y diciembre el doceavo. Lo que sucede es que ningún calendario es perfecto, y con el paso del tiempo se desfasan de los ciclos astronómicos y dejan de ser útiles, a menos que se añadan días, o incluso meses bisiestos. 

A lo largo de la historia, muchas civilizaciones han utilizado eventos agrícolas o astronómicos para marcar el inicio del año. La tendencia a celebrar el cierre de ciclos de cultivo ha existido desde el inicio, ya que justamente la capacidad de identificar y predecir estos ciclos es lo que permitió sostener una población humana constante en un lugar fijo y permitió el desarrollo de la civilización. Pero las primeras civilizaciones usaban calendarios lunares para medir sus fechas importantes, y por lo tanto cambiaban cada año.

El concepto de un calendario lunisolar fijo fue introducido hace 4.000 años por los babilonios (los mismos culpables de que ahora midamos el tiempo en base sexagesimal usando círculos). Estos calendarios, además del ciclo lunar, estaban basados ​​en la observación de los ciclos solares, que se inicia con el solsticio de invierno, cuando el sol está más bajo en el hemisferio norte, y termina con el solsticio de verano cuando el sol está más alto. También se le atribuye a los babilonios el inicio de la tradición de pedir deseos y establecer metas para el nuevo año. Aquí ya tenemos un día fijo en el año para celebrar, pero se celebraba en el mes de Nisannu, que corresponde a nuestro mes de marzo.

Nuestro calendario actual lo heredamos y modificamos de los romanos, quienes llamaban a los meses como Martius, Aprīlis, Maius, Iūnius, Quintilis, Sextilis, September, October, November y December. Quintilis fue renombrado como Iulius en honor de Julius Caesar y Sextilis fue renombrado como Augustus en honor de Augustus Caesar. Los romanos también empezaban el año en marzo (Martius), con el inicio de la primavera y honrando al dios de la guerra, Marte. Pero como solo eran 10 meses fijos, cada cierto tiempo se tenían que incluir dos meses bisiestos, Ianuarius y Februarius, para evitar desfasar el calendario con el ciclo solar. Con el tiempo, los romanos empezaron a considerar a Ianuarius como el primer mes, en lugar del 11avo. Julius Caesar oficializó esto en su reforma del calendario en el año 46 a. C. El calendario juliano honra a Janus, el dios romano de los inicios cuyas dos caras le permitían mirar tanto hacia el pasado como hacia el futuro. 

Pero este no es el final de la historia. Durante la Edad Media, la Iglesia Católica reemplazó el 1o de enero como primer día del año con días más significativos para la religión, como el 25 de diciembre (supuesto aniversario del nacimiento de Jesús) y el 25 de marzo (fiesta de la Anunciación). Finalmente, en 1582 el Papa Gregorio XIII restableció el 1o de enero como el Día de Año Nuevo. El calendario gregoriano es el calendario actual, utilizado en casi todo el mundo.

Además, el uso de un bebé como personificación del nuevo año se remonta a la antigua Grecia, donde un niño en una cesta desfilaba para marcar el renacimiento anual de Dionisio (dios del vino y la fertilidad), a veces acompañado por Chronos (Padre Tiempo). Aunque el Año Nuevo es celebrado sobre todo como una ocasión para festejar un nuevo comienzo, también es una buena oportunidad para reflexionar sobre nuestras tradiciones y reconocer los eventos astronómicos que regulan nuestra vida cotidiana.

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New Year’s.

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Juámas Administrator
Productor en La BioZona

Soy biólogo, nacido en Ecuador pero egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM, en México y Oaxaca es mi lugar favorito del planeta Tierra. Desde siempre he estado interesado en la biología, incluso antes de saber que uno podía estudiar para ser biólogo.

Puedes visualizar mi presentación completa haciendo clic aquí, muchas gracias por seguir mi trabajo <3.

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