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En las últimas semanas ocurrieron dos eventos importantes para aquellas personas amantes de la paleobiología: el aniversario del nacimiento de Mary Anning el 21 de mayo y el estreno de la nueva película de Jurassic World. Esta película trae consigo una visión moderna de los dinosaurios, quienes ya no son vistos como reptiles torpes y gigantes, sino como animales similares a las aves, sobre todo por las plumas. Esperemos que en las próximas entregas de esas películas, las animaciones de las plumas también incluyan a sus parásitos. Porque sí, también los dinosaurios sufrían de parásitos. 

El parasitismo es una relación que se establece entre dos individuos, donde uno, el huésped, le brinda alimento, refugio y protección a otro, llamado parásito. Esta relación cercana no es algo nuevo en la historia del planeta, ya que la paleobiología nos ha permitido conocerla desde tiempos muy antiguos, un ejemplo es a través del ámbar. Enrique Peñalver y colaboradores encontraron garrapatas en ámbar con una edad del Cretácico (hace cerca de 99 millones de años) y halladas en Myanmar en el año 2017 (Figura 1). Las garrapatas fueron encontradas junto con plumas de dinosaurios y sedas de larvas de escarabajos derméstidos.

Este último hallazgo fue clave para entender la ecología tanto del dinosaurio como de las garrapatas, ya que las larvas de estos escarabajos las solemos encontrar en los nidos de las aves modernas. Siguiendo esa lógica, es probable que esas garrapatas vivieran en el nido del dinosaurio o muy cerca de este. Las garrapatas encontradas por esos investigadores no correspondían a ninguna de las tres familias existentes y se les asignó dentro de su propia familia: Deinocrotonidae, que significa “garrapata terrible”. Estas garrapatas son muy parecidas físicamente a las actuales de la familia Argasidae, de las cuales algunas especies suelen vivir en las proximidades de los nidos de las aves.

Figura 1. Reconstrucción de las garrapatas de la familia Deinocrotonidae, alimentándose entre las plumas de un dinosaurio. Imagen tomada de Peñalver et al. (2017).

Otro hallazgo interesante en el ámbar fue el descubrimiento de piojos dino-parásitos. Este hallazgo también se hizo en Myanmar, pero en un depósito datado de hace 100 millones de años. Los piojos encontrados resultaron muy parecidos  a los actuales piojos “masticadores”, los cuales parasitan principalmente aves y algunas especies de mamíferos. 

La gran diferencia ecológica entre los piojos y las garrapatas es que los primeros son parásitos permanentes. Esto es importante ya que, si en el ámbar no se encuentra algún indicio del huésped, su presencia se puede inferir debido a la coevolución que existe entre grupos de parásitos permanentes y grupos de huéspedes. Un ejemplo fue el descubrimiento de ácaros de la familia Myobiidae en el pelo de mamíferos conservados en ámbar datado del Eoceno (aproximadamente hace 56 millones de años). En la actualidad este grupo de ácaros vive permanentemente sobre y entre el pelo de varios grupos de mamíferos incluidos murciélagos, ratones, tlacuaches, musarañas, erizos, etcétera. Como resultado de la investigación realizada en 2018 por Ekaterina Sidorchuk y colaboradores se describió a la especie Protohylomysobia erinaceophilus (Figura 2). El género al que pertenece esta especie es muy similar en su morfología a unos géneros contemporáneos que son parásitos exclusivos de erizos y gimnuros. Dado que estos ácaros acompañan a su huésped por toda la vida, no es arriesgado afirmar que los pelos del ámbar también pertenezcan a alguno de estos animales. 

Figura 2. Ácaros de la especie Protohylomysobia erinaceophilus entre el pelo de un mamífero atrapado en ámbar. Imagen tomada de Sidorchuk et al. (2019)

Es probable que cuando escuches la palabra “parásito” siempre lo asocies con algo negativo. Pero tener parásitos es algo muy cool porque ellos forman parte de nuestra historia, al menos la de la humanidad. Los humanos hemos viajado con ellos desde tiempos arqueológicos. Un estudio llevado a cabo en Chile encontró peines piojeros en sitios datados de la época pre-colombina (800-1500 a. C.) los cuales todavía tenían piojos y liendres que se podían ver bajo el microscopio. También se han encontrado garrapatas en perros momificados de Egipto.    

El parasitismo es una relación con mucho drama y sumamente interesante. Es una eterna lucha entre el parásito y el huésped para que exista un equilibrio entre ellos y no muera el huésped. Finalmente, el huésped lo es todo para el parásito. ¿Por qué lastimarías a alguien que te provee de todo lo necesario para vivir?  “Sólo el amor y el parasitismo lastiman así” debería ser el título de la famosa canción. Los parásitos nos acompañan y acompañarán por el resto de nuestros evolutivos días. Así que como especie deberíamos abrazar a nuestros parásitos, escribirles una carta y decirles que es un gusto compartir la historia (evolutiva) juntos. 

¿Quieres saber más? 

Gao, T., et al. (2019), “New insects feeding on dinosaur feathers in mid-Cretaceous amber“, Nature Communications, 10(5424): 1-7.

Peñalver, E., et al. (2017), “Ticks parasitised feathered dinosaurs as revealed by Cretaceous amber assemblages“, Nature communications, 8(1924): 1-13. 

Sidorchuk, E. A., et al. (2018), “A case of mite-on-mammal ectoparasitism from Eocene Baltic amber (Acari: Prostigmata: Myobiidae and Mammalia: Erinaceomorpha)“, Journal of Systematic Palaeontology, 17(4): 331-347.

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Auricularium Contributor
Colaborador en La BioZona

Actualmente soy estudiante de doctorado en el Laboratorio de Ecología de Enfermedades y Una Salud. Soy profesor en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Soy un apasionado del mundo de los parásitos, específicamente de los ácaros. Me gusta hacer reír a la gente y considero que dar clases es lo más cercano que he estado de hacer Stand up.

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