El acoso en campo

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El trabajo de campo suele ser un trabajo complejo para todos. Las condiciones ambientales, geológicas e incluso socioeconómicas son desafíos a los que cualquier investigador de campo debe exponerse. Estos trabajos de campo se planean según el terreno, la intención y el esfuerzo de muestreo que requiera el grupo taxonómico que se desea estudiar. Para grupos o terrenos complicados suele programarse una temporada larga de muestreo que permita recabar la mayor cantidad de datos para los análisis posteriores. Estas condiciones de trabajo implican una convivencia dentro del equipo y otra con la comunidad local para todos los implicados en el trabajo de campo.

Las mujeres históricamente hemos tenido que lidiar con más barreras en este tipo de trabajos que nuestros colegas hombres, como la limitación diferencial de recursos, la falta de apoyo por parte de entidades, la discrimación, el sesgo de género y las condiciones sanitarias complejas. Pero uno de los problemas más complejos que enfrentamos las mujeres en campo es la nula garantía de nuestra seguridad.

Y es que la realidad a la que se enfrentan muchas mujeres participes de grupos de investigación en campo es el riesgo significativo de abuso sexual y violencia por parte de compañeros investigadores o personas locales. Situación que afecta principalmente a las personas en una posición de subordinación por parte de sus superiores, pero no son las únicas.

Un ejemplo de esto son los casos ocurridos en la estación de investigación McMurdo en Antártica, donde muchas mujeres han reportado un ambiente hostil y misógino. Reportes que incluyen experiencias que van desde amenazas de agresión, como la vivida por Liz Monahon. Ella es una mecánica de la estación que reportó que uno de los hombres que trabajaba allí la amenazó de muerte, al punto de tener que cargar un martillo consigo como medida de protección, después de que su denuncia fuera ignorada por Recursos Humanos. A ello se suma la gran cantidad de casos de mujeres agredidas sexualmente a las que, lamentablemente, les redujeron los reportes a simples incidentes de acoso. 

“Cuando la gente se encuentra en estos sitios, carece en muchas ocasiones de las herramientas para reportar, no puedes llamar a alguien o enviar un email […] a veces los agresores son tus compañeros de trabajo, no puedes escapar tan fácilmente de esa situación” menciona la investigadora Meredith Nash a los reporteros de la NPR sobre las condiciones en esta estación.

Fig 1. El acoso en campo
Estación de investigación McMurdo ubicada en la Antártica.

En 2014 en el artículo titulado Survey of Academic Field Experiences (SAFE): Trainees Report Harassment and Assault se reportó cómo estos casos de acoso sexual ocurrían de manera no solo sistemática sino común en este tipo de ambientes. A pesar del claro desbalance que existe en los casos ocurridos a mujeres con respecto a hombres, los autores aclaran no poder establecer si esto se debe a una disparidad en experiencias o a una diferencia en la percepción, pues ambas situaciones podrían estar ocurriendo en estos espacios de trabajo. 

Lo que sí es muy claro es la diferencia que existe entre los victimarios para hombres y para mujeres. Los hombres suelen reportar ser acosados por sus pares, mientras las mujeres reportan con mayor frecuencia ser acosadas por sus superiores, incluso más que la gente local o sus pares investigadores.

Esta problemática se vuelve incluso más grave, se comenta que la gran mayoría de los reportes de esta índole que se hacen a las entidades empleadoras o a las universidades son ignorados. Las víctimas no son auxiliadas ni los victimarios reciben sanciones, lo que permite que este tipo de sucesos ocurran nuevamente.

Situación del acoso en campo en Latinoamérica

En Latinoamérica estas situaciones se presentan con bastante frecuencia, por ejemplo, el caso documentado por las doctoras Virginia Romero Plana y Luz Martínez Santamaría. Ellas presentan en su artículo titulado Violencia sexual en el trabajo de campo: autoetnografía a dos voces relatan y analizan su experiencia personal mientras realizaban trabajo de campo en una localidad en Perú. “J” como se refieren al agresor, era un antropólogo peruano que les había prometido ponerlas en contacto con una comunidad que habitaba la sierra, sin embargo, como expresa la Dra. Romero esto nunca ocurrió. 

El agresor intentó presionarlas a tener relaciones sexuales con él para permanecer en campo, las intimidó y perpetuó constantes comentarios de índole sexual durante el tiempo que permanecieron en campo. Particularmente la Dra. Romero comenta que dormía con unas tijeras cerca por si intentaba agredirla, habla de cómo enfermó ante una situación que la obligaba a pasar la noche en el mismo laboratorio que él y cómo después de un intento de agresión por parte de “J”, que por suerte no terminó en una situación peor, durmió sentada con su peso sobre la puerta para que él no pudiera entrar en la habitación.

Por su parte la Dra. Martínez comenta que desde el primer acercamiento que tuvo con “J” después de que ella rechazara sus insinuaciones, éste dejó establecido que parte de su trabajo de campo serían las relaciones sexuales con él. Ella comenta que lo permitió pues tras un accidente que había vivido y pasar muchos meses en el hospital, esta era la única forma de avanzar con su investigación. No obstante, de los tres meses que estuvo en campo con el agresor, su investigación avanzó muy poco, ya que durante todo ese tiempo el agresor quiso ejercer control no sólo sobre la Dra. Martínez, sino también sobre su investigación. 

Ambas historias dan a conocer tan solo una parte de las experiencias que han vivido cientos de investigadoras en América Latina con sus asesores, profesores o compañeros. Asimismo, existen otros reportes como el caso del acoso ejercido a las 16 mujeres en el Smithsonian Tropical Research Institute en Panamá. 

Fig 2. El acoso en campo
Gráfica de visualización de los reportes, el tipo de experiencia, el conocimiento de los mecanismos de acción y los resultados satisfactorios de estos reportes. Créditos: Clancy, et al. (2014).

Pero no tenemos que ir tan lejos, fácilmente podemos encontrar casos de acoso con nuestras mismas compañeras de trabajo o escuela, como es el caso de una de nuestras colaboradoras en La BioZona. Ella nos compartió una de sus experiencias de este tipo ocurrido en una localidad del norte del estado de Veracruz en México: “Recuerdo una vez en campo, un señor mayor de 40 años se acercó a nosotros para ofrecer siete bancos (ningún miembro del grupo preguntó qué eran los bancos) por una de nuestras compañeras. La responsable del grupo tuvo que hablar con él, acompañada de un par de compañeros para persuadirlo, pero él era muy insistente. Las cosas se calmaron hasta que se dijo que la chica ya estaba comprometida. Cuando vio que no le alcanzaba para romper el compromiso nos dejó en paz”.

La mayoría de las agresiones no son reportadas por la falta de apoyo que ofrecen las instituciones ante este tipo de situaciones o por temor a que pueda afectar en sus carreras o en su vida laboral y personal al exponer a sus agresores. Además de que son situaciones que se presentan en un ambiente cultural acostumbrado a estas cosas, como en el caso de nuestra compañera, por lo que una denuncia en esas situaciones no suele tener resolución. 

Por esto, es necesario un enfoque multifacético que aborde tanto las causas subyacentes del abuso sexual y el acoso como sus consecuencias para las víctimas y la comunidad científica en su conjunto. Esto incluye la implementación de políticas y procedimientos sólidos para prevenir y abordar estas situaciones en campo, así como la promoción de una cultura de respeto y equidad de género en todas las instituciones académicas y de investigación.

Se requiere de un compromiso colectivo y continuo por parte de investigadores, instituciones académicas, organizaciones científicas y la sociedad en su conjunto. Solo mediante un esfuerzo conjunto podemos crear un entorno de trabajo seguro, inclusivo y equitativo donde todas las personas puedan realizar su trabajo de manera segura y exitosa.

Agradecimientos

Agradezco a Batimasy y a Don Helecho por haber revisado el borrador de esta entrada y por sus comentarios para mejorarla. 

¿Quieres saber más?

Clancy, K. B. H., et al. (2014), «Survey of Academic Field Experiences (SAFE): Trainees Report Harassment and Assault«, PLoS ONE, 9 (7): e102172.

Romero Plana, V., & Martínez Santamaría, L. (2021), «Violencia sexual en el trabajo de campo: autoetnografía a dos voces«, Revista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México, 7.

Women in STEM: Challenges and Barriers

Alleged Sexual Misconduct at Smithsonian Tropical Institute 

Even Antarctica was unsafe: Women scientists want to make fieldwork less hostile

Women Report Rampant Sexual Harassment and Assault at Antarctica’s McMurdo Research Station

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Autor

  • Batichica

    Soy una bióloga colombiana egresada de la Universidad de Caldas y actualmente asistente de la curaduría de la colección mastozoológica del Centro de Museos de la misma universidad.

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