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Imagina que eres un Onchopristis, un pez sierra de 8 metros de longitud que habita en los pantanos y humedales del Norte de África hace 100 millones de años. Vas nadando tranquilo sobre el fondo turbio y lleno de vegetación ribereña, cuando de pronto, unas enormes garras te sujetan con fuerza, al mismo tiempo que un enorme hocico, largo como el de un cocodrilo, y con dientes largos y cónicos perforan tu cuerpo. Intentas luchar, pero la criatura que te atrapó te lleva hacia la orilla del río, fuera del agua, en donde podrá devorarte tranquilamente sin ser molestado por nadie. Y digo, ¿Quién se atrevería a intimidar al dinosaurio terrestre más largo de todos los tiempos? Quiero decir acuático, ¿O terrestre? ¿O anfibio? ¿Dinosaurio? Hmm, como sea, permítanme presentarles al espinosaurio, un enigmático animal que a más de uno nos resulta tanto bizarro como fascinante.

¿Cómo es esto? Bueno, el espinosaurio o Spinosaurus aegyptiacus (reptil con espina de Egipto) por su nombre científico, fue descubierto a inicios del siglo XX en un yacimiento fósil de Marruecos, cuando el explorador y magnate alemán Ernst Stromer realizó el descubrimiento, reportando su hallazgo ante la comunidad científica en 1915. Algunos dientes, fragmentos de huesos y las impresionantes espinas neurales de hasta 2 metros de largo fueron los restos que los científicos depositaron en el museo de historia natural de Münich en Alemania. Lamentablemente la ciencia no está exenta de las consecuencias de los conflictos humanos, y en plena segunda guerra mundial, el museo fue bombardeado por los aliados, destruyendo así el primer y único ejemplar original descrito (Holotipo) de esta especie. 

Lo único que nos quedó fueron las ilustraciones de Stromer, que lo representaban como un bípedo muy similar a Megalosaurio, uno de los pocos terópodos bien conocidos para la época. Algunos otros autores lo representaban como un animal cuadrúpedo, y en estas representaciones incluso se le agregaba una joroba, muy similar a la de bisontes, quienes poseen unas espinas neurales enormes a modo de anclaje para los músculos del lomo. Así pasaron las décadas, y no fue sino hasta finales de los 80s que se descubrió a un nuevo espinosaurio en Inglaterra llamado Barionyx walkeri (garra pesada de Walker), perteneciente a la misma Familia que nuestro protagonista. Este ejemplar permitió entender que los espinosauridos y animales afines poseían un hocico largo, similar al de un cocodrilo, extremidades delanteras largas, además de estar asociados a depósitos de roca formados en ambientes sedimentarios acuáticos y de transición, por lo que se infería una dieta principalmente piscívora. 

Los 90s llegaron, y lamentablemente las representaciones del espinosaurio no cambiaron mucho, y seguía siendo solo esta rareza bípeda con cuerpo de terópodo típico y enorme vela. En 1998, el “terrible” paleontólogo Paul Sereno anuncia el descubrimiento en África de un nuevo espinosaurido, al cual nombró como Suchimimus (imitador de cocodrilo), con características similares a los dos miembros previos de la Familia espinosauridae. Este descubrimiento influyó mucho en la forma de ver al espinosaurio, como lo fue Joe Johnston y su asesor científico Jack Horner, quienes estaban en búsqueda de ideas frescas para su nuevo proyecto titulado Jurassic Park III©. Si bien la película de inicios de los 2000 no tuvo el éxito que muchos creíamos hasta hace unos ayeres, si destaca por introducir una nueva imagen del espinosaurio, aunque con obvios errores anatómicos (una de las quejas principales del gremio es que convirtieron a Suchimimus en un godzilla gigante).

Tuvieron que pasar 14 años más para dar el siguiente cambio en la imagen del animal, solo que esta vez con evidencia directa. Resulta que, al rescatar unos fósiles del mercado negro, Nizar Ibrahim y Paul Sereno dieron con el hallazgo de restos que les resultaban extrañamente familiares. Revisándolos con muchos otros colaboradores se dieron cuenta que los restos correspondían con nuestro viejo amigo. ¡Era fabuloso! Los primeros fósiles de Spinosaurus en casi un siglo. Estos fósiles permitieron intuir, en conjunto con otros restos de miembros de la Familia, así como con las ilustraciones de Stromer, la morfología externa, la postura y hábitos de vida del animal, aunque algunas ideas resultaron todavía un tanto polémicas.

En primer lugar, la postura del espinosaurio cambiaría dado que algunos análisis sugerían un centro de masa muy adelantado, haciendo que casi todo su peso estuviera hacia el frente, convirtiéndose así en un animal cuadrúpedo que caminaba apoyando las manos de igual forma que un perezoso. También, sus huesos tenían paquiosteosis natural, una condición que hacía al espino tener huesos muy densos y pesados, al igual que animales acuáticos actuales como hipopótamos. Así mismo, se encontraron fosetas huecas en el hocico de animal, muy similar a los cocodrilos actuales; estas estructuras muy probablemente le ayudaban al espinosaurio a sentir cambios de presión en el agua, sin importar que tan turbia estuviese, y así facilitándole capturar los peces de los que se alimentaba. ¿Y la vela? Bueno, en los depósitos donde se ha encontrado a nuestro querido espino, se ha descrito una numerosa cantidad de depredadores tope de las redes tróficas, incluso mucho más que la cantidad de especies de presas potenciales. En este ambiente atascado de super-depredadores, tener una enorme vela pudo haberle permitido aparentar mayor tamaño, y así disuadir a otros competidores, tales como Carcharodontosaurus o el cocodrilo gigante Sarchosuchus. Todas estas evidencias indicaban que se trata del primer dinosaurio estrictamente acuático, aunque algunos otros autores difieren un poco al respecto (Véase el artículo de anquilosaurios). 

Sin embargo, algunas cuestiones escaparon de la visión de los científicos responsables, como el hecho de que el espino era un terópodo, y como tal estaba emparentado con aves. Se sabe que en otros representantes de este grupo, existen estructuras llamadas sacos aéreos, que en aves facilitan el vuelo a grandes alturas, al fungir como reservorios extra de oxígeno. Por lo que su presencia en espinosaurio indicaría que el peso del animal no estaría distribuido casi todo hacia adelante, sino que el tórax sería mucho más liviano de lo que aparenta, permitiendo así tener una postura similar a la de pingüinos o pelícanos. Mientras que las manos estarían ubicadas a un costado del cuerpo, y no las utilizaría para caminar. Así mismo, las patas cortas le darían un aspecto similar al de un pato, mientras que las vértebras cervicales presentan marcas de ligamentos responsables de mantener la cabeza alzada, en una postura conocida como “cuello de cisne”. 

Figura 1. Representación de Spinosaurus después del trabajo de Ibrahim y colaboradores del 2020. Imagen de Mario Lanzas.

Finalmente, el último paso en la imagen completa del espinosaurio sería la cola, y afortunadamente fue el último descubrimiento al respecto (Figura 1). En 2020 se hallaron fragmentos de la cola del espinosaurio en la misma localidad donde fue hallado en ejemplar de 2014 y el holotipo. Esta presentaba espinas neurales delgadas y elongadas, dando como resultado una cola aplanada similar a peces o mejor, a cocodrilos, que confirmaría así, junto con las demás características anatómicas, sus hábitos como buceador pero también como nadadores activos, explicando así su presencia en el norte de Brasil.

La paleontología no es una ciencia que se construya de la noche a la mañana, sino que se conforma de las aportaciones de múltiples personajes que aportan su granito de arena. El espinosaurio, con su cuerpo gigante, patas cortas, cola aplanada y vela en la espalda, es testigo de como ha cambiado nuestra visión de los dinosaurios a través del tiempo, y de cómo, para bien o para mal, no está exento de los problemas humanos, como las guerras y el saqueo. Nuestro espinosaurio, con su forma de pelícano gigante, puede encontrar al fin el lugar que le corresponde en nuestra imaginación y en la ciencia. 

¿Quieres saber más?

Ibrahim, N., et al. (2014), “Semiaquatic adaptations in a giant predatory dinosaur“, Science, 345 (6204): 1613-1616. 

Ibrahim, N., et al. (2020), “Tail-propelled aquatic locomotion in a theropod dinosaur“, Nature, 581: 67-70.

PBS Eons, 2018, “The Weird, Waterly Tale of Spinosaurus”.

El Pakozoico, 2021, “La EVOLUCION de SPINOSAURUS a lo largo del tiempo”.

Joselyx98, 2021, “SPINOSAURUS DINOSAUR SIZE COMPARISON”.

Palaeos, 2019, “¿Cómo era realmente Spinosaurus?”.

Paleos, 2020, “¿Cómo era realmente Spinosaurus? Vol. 2”.

National Geographic, 2014, “Bigger than T-Rex”.

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El Paleomike Contributor
Colaborador en La BioZona

Soy biólogo y kendoka por la Facultad de Ciencias de la UNAM, actualmente trabajando temas de paleoecología de invertebrados en mi doctorado. Me gusta la biología evolutiva, la biología marina, la zoología y me considero un “animalólogo” de corazón. 

Mis charlas se centran en educación ambiental, política y divulgación de la ciencias, amo los videojuegos para PC, y amo conocer nuevos lugares para comer. Cualquier tema que quieran discutir con gusto pueden comunicarse a mis redes sociales.

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