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Que nada nos limite.

Que nada nos defina.

Que nada nos sujete.

Que la libertad sea

nuestra propia sustancia.

Simone de Beauvoir

En 1928, la escritora inglesa Virginia Woolf lanzaba a la humanidad una pregunta que, poco más de cien años después, sigue revolucionando la forma de ver el mundo de aquellas personas que saben leer entre líneas: ¿Qué nos hace quienes somos?

Desde el inicio de la ilustración, durante la segunda mitad del siglo XVIII y con la consolidación del positivismo, las ciencias del hombre se sacralizan volviéndose la lente a través de la cual se mide, se cuantifica y cualifica todo. En ese momento la pregunta existencial de ¿qué nos hace quienes somos? encuentra una primera respuesta en la biología. En este sentido podemos clasificarnos de acuerdo con las características que compartimos con nuestra especie, con nuestro sexo y con nuestra etnia, por mencionar algunas. ¿Es entonces nuestra biología la que nos define? Afirmar lo anterior sería arriesgado. 

En El existencialismo es un humanismo (1945), Jean Paul-Sartre declara que el “El hombre está condenado a ser libre” (Sartre, trad. 2016; 9). Afirma que la libertad del ser humano radica en el poder elegir. Para Simone de Beauvoir (1908-1986), esta declaración requiere de una mejor contextualización. En El segundo sexo (1949), pone de manifiesto que no todas las circunstancias se eligen. No se elige nacer en una posición privilegiada o lo contrario; no se elige nacer en una ubicación geográfica u otra y definitivamente no elegimos nuestro sexo.

A mediados del siglo XX, con la Escuela de Frankfurt, el posestructuralismo viene a desdibujar los estrictos límites con los que el positivismo había cercado el conocimiento arrojándolos un poco más lejos. Con la intervención de las nuevas ópticas, autores como Michel Foucault (1926-1984) comienzan a desenmarañar los “nuevos mitos” que la ciencia ha cernido sobre la humanidad, cuestionando aquellos temas canónicos que las ciencias habían dado por agotados. Así mismo, desarrolla una línea de investigación sobre la importancia del contexto socio-histórico-espacial que ha enmarcado las diversas definiciones de lo humano, de lo normal, lo anormal y lo distinto.

Es aquí donde la intervención de Judith Butler arroja luz sobre la pregunta inicial del presente ensayo. En Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” (1996), la autora retoma el concepto de performance y a través de él, explica los linderos que enmarcan las concepciones sobre nuestro propio ser y el contexto en el que este se desenvuelve. Para Butler, las circunstancias son performativas y, si bien no las elegimos, sí elegimos la manera de existir en ellas.

Regresando a Virginia Woolf, quien en Orlando: una biografía (1928) narra la historia de un noble que goza de los privilegios y favores de la reina Isabel. Después de una serie de circunstancias vividas por el protagonista, este es exiliado a una propiedad de su familia. Estando ahí, una noche se va a dormir y cuando despierta se ha convertido en mujer. Ante tan insólito acontecimiento, el narrador expresa: “Orlando se había transformado en mujer —no es posible negarlo. Pero, en todo lo demás, era justo como solía ser—. “(Woolf, trad. 2018; 134). 

Si miramos a Orlando a través de los ojos de Butler, podemos inferir que no es nuestra biología o contexto lo que nos define o determina de manera tajante. Son, en todo sentido, las elecciones que tomamos al afrontar cada circunstancia lo que nos hace quienes somos y también, lo que hace de este mundo lo que es.

“El cambio de sexo modificaba su futuro, más no hizo nada por alterar su identidad”.

Virginia Woolf, Orlando: una biografía

¿Quieres saber más?

Beauvoir, S. (2015), “El segundo sexo“, Ediciones Cátedra. Valencia.

Butler, J. (2002), “Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”“, Paidós. Buenos Aires.

Sartre, J. P. (2016), El existencialismo es un humanismo“, Ediciones Quinto Sol. México.

Woolf, V. (2018), “Orlando: una biografía“, Mirlo Pocket. México.

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Paola Licea Contributor
Colaboradora en La BioZona

Promotora literaria. Me especializo en literatura y pensamiento crítico. Lectora empedernida, escritora apasionada y feminista activa. Me dedico a tratar de entender el mundo y las narrativas contemporáneas a través de mi propia condición: ser mujer en el mundo.

Radico en Toluca, la bella. Soy investigadora por convicción y hedonista de corazón. Creo en el placer como vehículo de conexión con la vida y el cosmos.

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