Entre verde y azul: El color de la vida

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Hoy te han encargado la decoración del auditorio donde se llevará a cabo el próximo congreso sobre la conservación de la biodiversidad. Jacques Cousteau te pide que representes a la vida con un color, ¿cuál eliges? ¡El verde! dices tú. Jacques rápidamente argumenta: “¿Y por qué no el azul? Curiosamente, el 70% de la superficie terrestre está cubierta por océanos azules, y solo el 30% corresponden a los verdes bosques tropicales”. 

“¡Porque el agua no está viva! La selva es lo más”, grita Batichica en el fondo del auditorio. Pero, incluso si nos vamos a la productividad biológica, la victoria del azul sigue siendo avasallante, pues se estima que la biomasa promedio de los bosques tropicales se encuentra en el rango de unas ~400 toneladas de carbono por hectárea (tC/ha), mientras que la biomasa promedio del fitoplancton en los océanos en zonas tropicales supera el rango de los millones tC/ha. Sin embargo, al  analizar el volumen, nos damos cuenta de que la masa de los océanos sólo representa el 0.02% de la masa de la Tierra. Es decir que la mayor parte de la biomasa fotosintética terrícola representa, en proporción, una fina película verde en la superficie del azul.

Nuestro planeta visto desde el espacio. Estamos acostumbrados a ver el lado continental, pero el océano Pacifico se extiende cubriendo prácticamente toda la superficie visible desde esta perspectiva. ¿Deberíamos llamarlo planeta agua?

En este contexto de dicotomía entre el verde y el azul, os voy a presentar un fascinante estudio en el que los científicos se aventuraron a catalogar la biodiversidad de estos dos ecosistemas excepcionales. En las selvas tropicales, descubrieron que la abundancia de especies se distribuye de manera uniforme. Aquí, hay muchas especies que son relativamente comunes y pocas que son realmente raras. Ahora bien, en los arrecifes de coral, la historia es diferente: se encontraron pocas especies extremadamente abundantes, mientras que la mayoría son escasas. Esta disparidad nos recuerda que la biodiversidad puede presentarse de formas muy distintas en diferentes lugares catalogados como megadiversos, lo cual debe tomarse en cuenta a la hora de tomar decisiones sobre la conservación y la gestión de estos valiosos ecosistemas.

¿Por qué sucede esto? o “cómo e’posible e’te suceso” 

Resulta que la estructura de estos ecosistemas juega un papel importante. Las selvas tropicales están compuestas por muchas comunidades grandes e interconectadas. Esto permite que las especies se desplacen fácilmente entre las comunidades, lo cual contribuye a mantener una distribución más equitativa de las especies. Por otro lado, los arrecifes de coral están formados por muchas comunidades pequeñas y aisladas. Esto significa que las especies tienen menos probabilidades de moverse entre las comunidades, lo que resulta en la presencia de pocas especies bien distribuidas y muchas especies raras.

Este hallazgo tiene grandes implicaciones para la gestión de estos ecosistemas. Por ejemplo, los esfuerzos de conservación en las selvas tropicales deberían centrarse en mantener la conectividad entre las comunidades, para asegurar que se mantenga una distribución equitativa de especies. Mientras que en los arrecifes de coral, los esfuerzos de conservación deberían dirigirse a proteger las comunidades pequeñas y aisladas. Esto ayudará a prevenir la pérdida de especies raras.

¿Qué significa este hallazgo para el futuro de estos ecosistemas? 

Más allá de si eres fan del azul o del verde, la preservación de la biodiversidad es clave para mantener la salud del ecosistema global. A medida que el cambio climático y otras amenazas continúan, es importante entender cómo estos cambios afectarán la distribución de la abundancia de especies. Esto significa que los esfuerzos de conservación, en lugar de enfocarse en una sola o pocas especies, deben centrarse en mantener la estructura de los ecosistemas para proteger la biodiversidad.

Los arrecifes de coral son auténticos guardianes del clima, ya que actúan como importantes sumideros de carbono. A través de un proceso llamado «calcificación», los corales capturan dióxido de carbono (CO2) del agua del mar y lo fijan formando carbonato de calcio (CaCO3), compuesto que forma el esqueleto del coral. Este proceso ayuda a eliminar CO2 del océano, contribuyendo a reducir la cantidad de este gas de efecto invernadero en la atmósfera. Además, los arrecifes de coral son hogar de una increíble biodiversidad, que también juegan un papel importante en el equilibrio del ecosistema.

Por otro lado, las selvas, o bosques tropicales, como la Amazonia, también tienen un impacto significativo en la mitigación del calentamiento global. Estos bosques densos y exuberantes son capaces de absorber grandes cantidades de CO2 mediante la fotosíntesis. Cuanto más grande y saludable es una selva, mayor es su capacidad para capturar CO2. Además, las selvas también influyen en los patrones climáticos locales y regionales, regulando la temperatura y el ciclo del agua, lo que tiene un impacto en el clima global. Cuando se deforesta, y se queman los árboles o se descomponen, el carbono acumulado se libera a la atmósfera. Romper el delicado balance de los ecosistemas es una potente fuente de emisiones de gases de efecto invernadero. 

Así que, la próxima vez que te encuentres en una selva o en un arrecife de coral, tómate un momento para reflexionar sobre las diferentes dinámicas ecológicas que ocurren en estos ecosistemas. Y recuerda, la estructura de un ecosistema puede tener un gran impacto en la distribución de la abundancia de especies, y esto a su vez repercute tangible y directamente en el clima global. Conocer esto es importante tanto para los ecólogos, que intentan entender cómo funcionan los ecosistemas, como para los biólogos conservacionistas que intentan catalogar y proteger la diversidad de la vida en la Tierra.

Agradecimientos

Agradezco a la Batichica, a Lili la bióloga y a Luciferasa por sus comentarios y correcciones al borrador de esta entrada.

¿Quieres saber más?

Volkov, I. et al. (2007), «Patterns of relative species abundance in rainforests and coral reefs«, Nature, 450: 45-49.

Seymour, F. & Busch, J. (2016), «Why forest? Why now?«, Center for Global Develoment.

Mitchard, E. T. A. (2018), «The tropical forest carbon cycle and climate change«, Nature, 559: 527-534.

Spalding, M. D. & Brown, B. E. (2015); «Warm-water coral reefs and climate change«, Science, 350 (6262): 769-771.

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Autor

  • Juámas

    Soy biólogo, nacido en Ecuador pero egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM, en México y Oaxaca es mi lugar favorito del planeta Tierra.

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1 comentario en “Entre verde y azul: El color de la vida”

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